miércoles, 22 de enero de 2014

Cambiar Para Avanzar

Timothy Snyder  en su ensayo “The Reconstruction of Nations”; Poland, Ukraine, Lithuania, Belarus, 1569 – 1999, Yale University Press, 2003 dice:
“Nada es sencillo en la relación entre ideas nacionalistas y el poder político….Las ideas nacionales más efectivas incluyen una comprensión equivocada del pasado”
“…. Es mucho más fácil inventar historia escribiendo tomos de gran tamaño que cambiar la tradición cambiando el comportamiento de las élites. La tradición involucra aquello que la gente realmente hace ahora, mientras que la historia narra lo que la gente alguna vez supuestamente hacía”
“… hemos argumentado que olvidar las tradiciones de uno es necesario para construir la historia de uno”

               En su muy interesante estudio de la transformación de la idea de nacionalidad y de estado tomando como ejemplo la historia de conflictos en la zona de Europa ubicada hoy entre Polonia y Rusia, Timothy Snyder analiza la interacción entre lo étnico, lo religioso, lo lingüístico y lo político en el establecimiento de los actuales estados-nación de ese lugar. Una de sus conclusiones es que para avanzar en la historia de un país es necesario interpretar la historia de manera a que sea útil al avance. La otra conclusión es que para hacer historia es necesario deshacerse de muchas tradiciones. Una tercera conclusión es que lo que uno llama “nación” puede ser étnico, lingüístico, religioso o territorial, dependiendo de lo que tenga mayor peso en el avance hacia una sociedad mejor, pero debe ser algo que incluya a la mayoría, no algo excluyente. Podríamos decir, que Snyder está de acuerdo con un realismo pragmático, pero, como él mismo explica, un pragmatismo que tenga consciencia de los objetivos idealistas que se persiguen con las medidas pragmáticas. Dice: “Los intereses son incoherentes sin los ideales”.

               En la política paraguaya, desde el fin de la Guerra de la Triple Alianza, o Guerra Grande, o Guerra del Paraguay, el concepto de “nación paraguaya” no ha logrado incorporar a la mayoría de la población y han prevalecido las tradiciones protegidas por las élites que concentran en sus manos los recursos económicos e intelectuales de la cultura paraguaya. Las élites son personas que pertenecen a una cultura latinoamericana, o americana, o europea, pero NO guaraní, ni en el sentido étnico ni en el sentido lingüístico. La tradición ha sido la de hacer de lo público algo privado en beneficio de las élites (aquí élites no significa “los mejores”). Las tierras, los contratos, las obras de infraestructura, los puestos públicos, son entregados para uso privado de algunos sin beneficiar a muchos. El interés de la nación ha sido tomado como igual al interés de estas minorías, mientras que a la mayoría se la ha mantenido más bien al margen en base a un esquema clientelista y de caridad, haciendo funcionar al Estado como “ogro filantrópico” según la conocida frase de Octavio Paz.

               Tenemos dos tareas importantes que cumplir para poder hacer historia y avanzar; cambiar nuestra historia y cambiar nuestras tradiciones. Es decir, cambiar la forma en la que contamos lo que la gente hacía antes y cambiar lo que efectivamente hacemos ahora. Esto no es un cambio ideológico, ni es elegir un “modelo” de izquierda o de derecha- Cambiar la historia es trabajar con historiadores y educadores de Argentina, Uruguay, Brasil y Bolivia, para llegar a un relato común de lo que ha sido la historia de la relación, incluyendo guerras, entre nuestros países y difundir ese relato como discurso común de todos los vecinos de la región. Esto se puede hacer ahora que estamos ya embarcados en proyectos de integración regional y tenemos buenas relaciones en general con ellos. Cambiar la tradición, es cambiar la forma de funcionar del gobierno para que ya no sea cautivo de una minoría que confunde su interés particular con el interés de la nación. Es necesario dejar de gobernar para un partido y un grupo económico, para pasar a gobernar mirando el interés de la mayoría a largo plazo y con metas y políticas sustentadas en el apoyo de la mayoría de los ciudadanos.


               Al observar lo ocurrido desde la presidencia de Andrés Rodriguez hasta la presidencia de Horacio Cartes, cambiar la historia se me hace más fácil que cambiar las tradiciones

lunes, 11 de noviembre de 2013

La Estructura Determina la Estrategia

“ ..la estructura jerárquica de una empresa fija la agenda de toma de decisiones de la empresa. Más concisamente, la estructura de una empresa es su agenda….. Cambiar la estructura de una empresa equivale a cambiar la agenda de toma de decisiones, y por lo tanto.. [de] … los resultados finales.” Thomas H. Hammond en “Structure, Strategy, and the Agenda of the Firm”, texto incluido en “Fundamental Issues in Strategy”, Harvard Business School Press, 1994 Recordé este artículo cuando asistí la semana pasada al taller de planificación convocado por la Secretaría Técnica de Planificación con ayuda del nuevo grupo impulsor del Índice de Progreso Social. Fuimos más de trescientas personas, discutiendo veintiún temas diferentes. Estábamos representantes del sector privado y ONGs, y representantes de las organizaciones del gobierno: MAG, STP, MI, MJT, CAH, MM, INDI, Gabinete Social, INDERT, SENACSA, SENAVE, SENATUR, INFONA, BNF, FG, MOPC, COPACO, CONATEL, SENATICS, ANDE, ITAIPÚ, YACYRETÁ, PETROPAR, MIC, IPAM SNC, SEDERREC, SEAM, ERSSAN, MRE, SENASA, SENAVITAT, SAS, SEPRELAD, SNNA, CONACYT, UNA, INTN, MH, BCP, AFD, MSPBS, DGEEC, SINAFOCAL, SNPP, etc., etc., etc.Sólo saber qué signifcan todos estos acrónimos es un desafío. Para el Presidente de la República del Paraguay cambiar la estructura de la burocracia estatal (ni hablar de la estructura del país) es imposible en el corto o mediano plazo y por lo tanto la estructura vigente hoy determinará en gran parte las decisiones que el Presidente tomará sin que él pueda cambiar esa estructura que se le impone. Gran parte de su agenda de toma de decisiones, es decir, la lista de decisiones que se le presenta a diario, proviene de sus subordinados en la burocracia y está basada en información proveída por los subordinados. Aquellas figuras nuevas de mando medio recién incorporadas a la burocracia, muy pronto tendrán que adaptarse a la estructura o vivir en permanente conflicto con sus subordinados sin poder avanzar. Para enterarse de cuáles son los problemas a solucionar, para decidir cuál solución darles o cómo hacer para que las soluciones sean efectivamente implementadas, el Presidente dependerá de la información proveída por partes interesadas, ya sea de la burocracia gubernamental, de los partidos políticos o de agentes de otros sectores que buscan sus propios beneficios (sus familiares, sus socios de negocios, sus ex compañeros de colegio, su ex esposa, etc. etc.). La soledad del poder es, en este sentido, total. Quizá algún consultor extranjero bien pagado le ponga la información objetiva sobre la mesa, pero eso no ocurrirá a diario, será de vez en cuando. Porque la estructura determina el flujo de información hacia arriba y porque no se puede cambiar la estructura a tiempo como para mejorar el flujo de información, es poco probable que este Presidente o quien fuere, pueda llevar adelante una “estrategia país” nueva o significativamente diferente a la anterior. De hecho, el Presidente actual fue votado NO para cambiar nada, sino al contrario para restablecer el orden anterior; ese que todos conocemos de memoria.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un País No Es Una Empresa

“Un país no es una gran empresa… un ejecutivo que ha podido ganar mil millones probablemente no sea la mejor persona a quien pedir consejos sobre una economía de seis billones…. No estoy afirmando que las personas de negocio sean tontos o que los economistas sean particularmente brillantes.” Paul Krugman en “A Country Is Not a Company” (Harvard Business Review) Existen personas que creen que las habilidades de un empresario exitoso pueden servir para dirigir la economía de un país. Existen personas que creen que las habilidades gerenciales de un empresario exitoso pueden servir para dirigir eficientemente el gobierno de un país. Paul Krugman explica por qué es difícil que las capacidades adquiridas como empresario sean aplicables a dirigir una economía o un gobierno. El premio nobel de economía nos explica lo siguiente: Por un lado, en un país trabajan miles de veces más personas que en la empresa más grande del mismo país. Con una población económicamente activa de más de un millón de personas en el Paraguay, no existe una empresa que emplee ni remotamente esta cantidad de personas. La economía paraguaya en este sentido es miles de veces mayor y más compleja que cualquier empresa o “grupo”. También, una empresa normalmente se organiza en torno a ciertas capacidades y para un mercado en particular, no así un país. Un país es tan complejo que no se lo puede dirigir en base a estrategias particulares, sino a principios generales y es muy difícil para un empresario adoptar una actitud de delegación y de “dejar hacer” sin pretender dirigir todo. Dirigir un país desde el gobierno es miles de veces más complejo que dirigir una gran empresa desde su directorio. Por otro lado, una empresa es un “sistema abierto”, mientras que un país, o la economía de un país es un “sistema cerrado”. ¿Qué quiere decir esto? Que un empresario tiene la posibilidad de sacar los problemas de su empresa y convertirlos en problemas para otros, o no dejarlos entrar, pero un Presidente de la República no puede sacar los problemas del país ni evitar dejarlos entrar. Unos ejemplos. Un empresario puede despedir a la gente improductiva de su empresa y convertirlos en desempleados, es decir, en un problema para el Estado. El gobierno puede despedir a funcionarios públicos inútiles (si se logra vencer todos los obstáculos legales y políticos), pero al hacerlo, los desempleados siguen siendo un problema para el gobierno; no se fue el problema, simplemente cambió de cara. Un empresario puede negociar la entrada al país de miles de millones de dólares en inversión, y ganar millones, sin preocuparse del efecto que esto causará en el tipo de cambio y por lo tanto en las variaciones de precios. Un gobierno debe saber que si logra atraer inversiones billonarias en dólares, necesariamente estará provocando un déficit en la balanza comercial y un problema para las exportaciones y para las personas que trabajan en el sector exportador. Una empresa puede lograr proteger su industria en contra de importaciones más baratas mediante negociaciones con el gobierno y así crecer y emplear a más personas. Cuando el gobierno fortalece a una “industria nacional” y permite que la empresa contrate más personal, al mismo tiempo está cerrando puestos de trabajo en las empresas importadoras y les está sacando poder adquisitivo y ahorro a los consumidores que ya no pueden comprar importados más baratos y mejores. Creo que estos ejemplos bastan para explicar que para un empresario, tomar buenas decisiones significa decidir por aquello que más conviene a su empresa y dejar el resto afuera. Si lanza una moneda, cara gana y sello pierde. Para el país, toda moneda lanzada por al gobierno cae sobre su canto, cara y sello juntos, gana y pierde al mismo tiempo.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Qué pasó en Curuguaty?

Qué pasó en Curuguaty?
No me imagino ser Pedro y dejar a mis hijos y mi mujer solos en el rancho, en una madrugada fría, sabiendo que tienen hambre y que los dejo desamparados
No me imagino siguiendo a un hombre casi desconocido, que me promete un pedazo de tierra propia que le van a sacar a alguien que, según él, se las apropió ilegítimamente

No me imagino tomando mi “tigrera” y un par de cartuchos pensando que quizá la voy a necesitar. Para quién sabe qué; por si acaso.

No me imagino ser Pablo y dejar a mi esposa e hijos, en nuestra casa de alquiler, sin saber cuándo voy a volver; o si voy a volver

No me imagino obedeciendo órdenes sin cuestionarlas, sin sentirme comprometido, sin sentirme parte, sin entusiasmo, sólo para cumplir

No me imagino colocándome el uniforme y el revolver en el cinto. Revisándolo si está cargado, para quién sabe qué; por si acaso

No me imagino ser Pedro en el campo, mirándolo de frente a Pablo, ni a la inversa, Pablo mirándolo a Pedro. Dos iguales, desconfiando el uno del otro; nerviosos e inquietos

No me imagino apretar el gatillo y sentir el estruendo de un disparo y ver al otro muerto. Muerto por la bala que yo disparé sin pensar, como instintivamente, como en un momento de inconciencia, miedo y debilidad. O quizá, peor aún, con intención

No me imagino ser Juan, padre de Pedro, tomando prestado dinero para poder ir a recoger el cadáver de mi hijo, tirado en el sucio suelo de una comisaría de Curuguaty

No me imagino ser Mateo, padre de Pablo, viajando con mi nuera viuda, en su auto traído de Iquique, para recoger el cadáver de mi hijo, tirado en el piso sucio de una comisaría de Curuguaty

No me imagino ser Juan y mirarle a los ojos a Mateo, los dos parados frente a los cadáveres de nuestros hijos, sintiendo odio hacia él, sin conocerlo, sin pensar en su propio dolor

Nada de todo esto me puedo imaginar, porque entre esa realidad y la mía corre un ancho río, caudaloso e indiferente.

Sólo si me atrevo a cruzar el río, arriesgando mi vida, nadando con todas mis fuerzas. Quizás al alcanzar el otro lado, allí, agotado, con frío, casi sin poder respirar, con las rodillas hundidas en el barro rojo, quizá, allí, pueda imaginarme lo que ocurrió en Campos Morombi.



jueves, 19 de julio de 2012

LEY E INTERPRETACIÓN

“La teoría social debe por lo tanto aceptar un concepto más amplio de la ley….La ley es [como muchos afirman]… un instrumento de dominación, un medio de hacer efectiva la voluntad del legislador. Pero esta teoría… positivista…sólo nos explica una parte. La ley es también una expresión de los estándares morales…[natural]….Finalmente, la ley es producto de la costumbre, producto de los valores y normas históricamente arraigados en la comunidad.”
Harold J. Berman en “Law and Revolution”, 1983
               Berman nos explica que tenemos al menos tres formas de interpretar la ley y que las tres son válidas. A través del tiempo, una u otra de estas formas de interpretación han prevalecido sobre las otras, pero nunca hemos tenido una sola forma de interpretar la ley. Dicho de otra manera, podemos tener varias interpretaciones diferentes y todas válidas de un mismo caso. Pensemos en los artículos 16, 17 y 225 de la Constitución Nacional del Paraguay y el actual debate, o la discusión, sobre la legalidad del juicio político de procedimiento rápido con el que se destituyó al presidente Fernando Lugo.
               La casi totalidad de las interpretaciones que he podido escuchar, y han sido muchas, son del tipo “positivista”, es decir, interpretaciones sobre las palabras textuales de la constitución y sus significados legales. Por eso escuchamos tantas veces, por un lado, que “el juicio es POLÍTICO” y que es “al sólo efecto de separarlos de sus cargos”, y por el otro que “La defensa en juicio de las personas y de sus derechos es inviolable” y que “En el proceso penal, O EN CUALQUIER OTRO DEL CUAL PUDIERA DERIVARSE PENA O SANCIÓN, toda persona tiene derecho a:…” una serie de garantía de procedimiento. Ambos lados tienen razón, y aún podríamos tener dos o tres interpretaciones legales correctas en base a la teoría moral y dos o tres interpretaciones correctas basadas en una teoría histórica.
               La Corte Suprema de Justicia del Paraguay probablemente siga en la línea “positivista” y focalice su interpretación en las palabras “Presidente de la República” (y no Fernando Lugo), “Político” (y no “Juicio”), y “separarlos de sus cargos” (y no “declararlos culpables”). Por su parte, si llega a tener intervención, la Corte Interamericana de Derechos Humanos probablemente siga una línea más “natural” (por algo es de Derechos Humanos), y focalice su atención en las palabras “Fernando Lugo” (y no Presidente de la República”), “Juicio” (y no “Político”) y “declararlos culpables” (y no “separarlos del cargo”). Ambas interpretaciones serán válidas del punto de vista jurídico y cada bando político, y cada barra o grupo, insistirá en la interpretación que más conviene a su posición en la lucha por el poder. Si el Paraguay es o no sancionado internacionalmente se resolverá con votos, cualquiera sea la interpretación legal. Esto nos dejará, a nosotros los ciudadanos, con la duda y con una cuestión importantísima sin resolver. No estoy diciendo que no se resuelva desde el punto de vista práctico quién es legalmente el Presidente de la República; eso ya está resuelto de facto y será completamente resuelto si tenemos elecciones libres y transparentes en abril de 2013. Me refiero a que la cuestión del juicio político a Fernando Lugo quedará sin resolver como cuestión que divide a la ciudadanía y que pone en peligro la gobernabilidad, la solidez de nuestras instituciones y el imperio de la ley.
               Como defensor de la democracia y promotor de una ciudadanía activa, yo creo que podremos resolver esta cuestión si nos ponemos de acuerdo sobre quién debe interpretar, en verdadera última instancia, lo dispuesto por la constitución y qué es lo más conveniente para el país. Teniendo un solo intérprete, cuya última palabra se respete, absorberemos la crisis y nos fortaleceremos como sociedad democrática. Conocida la última palabra del verdadero soberano, sabremos cual es la verdad histórica. En mi opinión, y a los efectos de avanzar en la consolidación de la democracia, el intérprete final, la última palabra, deberá ser la ciudadanía y no algún experto, ni alguna corte de fallo inapelable (que de hecho no existe). Esos expertos y esas cortes cumplirán la no poco importante función de órganos de juzgamiento formal, pero no lograrán dirimir la cuestión, componer la controversia y diluir la polarización y la estigmatización que ha causado el Juicio Político. Una cicatrización que nos fortalezca como democracia, sólo la lograremos deliberando, todos, y durante todo el tiempo que tome, hasta llegar a una interpretación pública predominante sobre la cuestión; una verdad histórica, una versión que explique satisfactoriamente a casi todos lo que nos ocurrió.
               Planteo que nuestra deliberación debe estar orientada a contestar la siguiente pregunta; Conociendo la historia de la República del Paraguay, sobre todo su historia política, toda su historia política, y considerando en particular qué fue lo que quisieron establecer como contrato social los miembros de la Convención Nacional Constituyente de 1992. Analizando lo más objetivamente posible, y desde todos los puntos de vista, cuál fue el desempeño de Fernando Lugo como Presidente, de él como presidente, no tanto de su gobierno en general, ¿hubiese sido mejor para el Paraguay que Fernando Lugo siguiese ocupando la Presidencia de la República hasta el 15 de agosto de 2013, o será mejor para el Paraguay que Fernando Lugo haya sido destituido?. Yo no tengo una respuesta que me satisfaga.
              

jueves, 5 de julio de 2012

Desigualdad y Desarrollo

 “En América Latina, las profundas desigualdades en ingresos y riqueza…. [Han hecho que] las élites económicas se hayan sentido frecuentemente amenazadas por las promesas de reformas políticas progresistas; los líderes políticos han estado presionados fuertemente por electores de grupos populares para que implementen medidas redistributivas en el corto plazo; y los líderes políticos han tenido que operar en un entorno caracterizado por la permanente politización de la economía”

 Riordan Roett y Francisco E. González , en el capítulo 6 de “Falling Behind”, editado por Francis Fukuyama http://www.amazon.com/Falling-Behind-Explaining-Development-Between/dp/B005K6JY38/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1341242600&sr=1-1&keywords=falling+behind+explaining+the+development+gap+between+latin+america+and+the+united+states

El argumento aquí es que cuando lo que está en juego es de un valor muy grande, es mucho más difícil llegar a un acuerdo aceptable para todos; la consecuencia puede muy bien ser violenta. Una negociación entre dos grupos de los cuales uno tenga muchísimos recursos económicos y el otro muy pocos es, por definición, una negociación asimétrica en la que las partes no se reconocen ni se creen iguales y en la que ambas partes tienen tanto en juego que están dispuestas a recurrir a medios no democráticos para lograr ganar. En estas condiciones de desigualdad, es difícil pensar en una solución de tipo ganar-ganar y es difícil lograr un progreso permanente en la calidad de la democracia.
 Deberíamos esforzarnos en forma prioritaria a reducir las desigualdades si verdaderamente queremos vivir en democracia. ¿Por qué no lo hacemos?. Creo que tiene mucho que ver, aunque no exclusivamente, con el papel que juegan los partidos políticos

En América Latina, y en el Paraguay, los partidos políticos han sido atrapados en el rol de mediador entre las mayorías pobres y las minorías que detentan una parte desproporcionada de las riquezas, de la influencia política, del acceso a servicios de salud, educación, información, etc. Podemos decir que los partidos políticos del Paraguay se han organizado para “manejar” la relación entre los poderosos y los marginados y vivir de esta función. Lo que describo es similar a lo que pasa con los peronistas en la Argentina; son el conducto o el mecanismo del permanente conflicto entre los “descamisados” y la “oligarquía”.

Aquí en el Paraguay, los partidos políticos pretenden ser los intermediarios entre los pobres, preferentemente los campesinos, y los ricos. Los partidos viven, literalmente, de la desigualdad; su papel en nuestra sociedad es el de atizar y luego enfriar el calor del conflicto entre sectores de la sociedad que se disputan el control de los recursos. Los partidos buscan estar bien con las dos puntas del espectro de conflicto y a todos prometen darles lo que quieren, como un padre que tranquiliza las disputas en su familia repartiendo premios y regalos, sin tener en cuenta los méritos de cada uno, sino el efecto tranquilizador. El verdadero objetivo de los partidos actualmente no parece ser fortalecer el estado de derecho, o disminuir las desigualdades y los conflictos que éstas causan, sino acumular poder controlando el manejo del conflicto y aliándose coyunturalmente a uno u otro sector.

Les prometen tierras a los pobres y les prometen un clima de inversión predecible a los empresarios, les prometen viviendas a los pobres, pero no implementan el cobro del impuesto a la renta personal, prometen un manejo eficiente del dinero público, pero contratan a todos sus parientes y operadores políticos, prometen combatir la corrupción, pero también negocian con los grandes proveedores del gobierno, prometen educación para todos, pero después politizan la contratación de maestras, etc. etc. El comportamiento es siempre contradictorio, no porque no sepan lo que hacen o porque no tienen un plan, sino porque quieren que todos dependamos de su administración del conflicto social y que temamos que si no lo manejan habrá caos.

Los “operadores políticos”, por más experiencia y “cintura” tengan y por más sumiso o poco reactivo sea el pueblo, o “nuestra gente” como decimos paternalmente, la probabilidad de que a estos operadores se les escape la situación de las manos, como en Campos Morombí, es bastante grande, y el peligro de encontrarnos un día lidiando con un conflicto fuera de control no puede ser descartado a la ligera.

Lo que está en juego para las partes en un país de tanta desigualdad, es de muchísimo valor para todos los implicados. No es algo marginal lo que está en juego. No son diferencias mínimas negociables. Son diferencias abismales sobre las que es difícil llegar a acuerdos por la misma razón de su magnitud.

La manera de disminuir y eventualmente limitar el grado de conflicto a un nivel que sea administrable por una democracia plena, es reduciendo las desigualdades al punto en el que las diferencias no sean “de vida o muerte” y además, que esta necesaria reducción de desigualdades se haga sin violencia y en el marco del estado de derecho. Por decirlo sin exagerar, ¡no es un desafío menor!. Para ello, los partidos tienen que cambiar su función y pasar a ser líderes de la deliberación formadora de opinión que les lleve a la función de gobierno con la capacidad de representarnos en la implementación de políticas públicas que prioricen la reducción de las desigualdades en forma sostenible, pacífica y no populista. Para estas organizaciones que han vivido tanto tiempo del manejo de enfrentamientos, vivir del logro de acuerdos es un cambio radical, es otro papel que requiere de otros talentos. En 2013, busquemos personas capaces de conducir el gran acuerdo que nos lleve a una sociedad menos desigual y más democrática. Para eso necesitamos listas abiertas y deliberación activa de la ciudadanía.

miércoles, 27 de junio de 2012

Nuestra Democracia

Más abajo frases sacadas del documento:

“Nuestra Democracia”
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
Secretaria General de la Organización de los Estados Americanos. — México : FCE,
PNUD, OEA, 2010
ISBN 978-607-16-0448-4


No son todas citas textuales, por eso no uso comillas. Hay algo de edición por parte mía. Para los textos completos  pueden acceder al documento en el link mencionado más arriba-
Mi idea es ofrecer unas cuantas frases sueltas que ayuden a reflexionar sobre el concepto de democracia y sobre cómo y en qué magnitud la situación política actual en el Paraguay, afecta, negativa o positivamente, el fortalecimiento de la democracia, entendida como una forma de organización de nuestra sociedad y no sólo como contrato social o como marco constitucional.
Estas son las frases:
Cada vez menos inquieta el pasado a nuestra democracia. Cada vez más se interesa por el futuro. Ya no es la pregunta: ¿qué hacer para evitar el regreso del autoritarismo? Los nuevos interrogantes son, ¿qué hacer para resolver los déficits democráticos?, cómo asegurar una mayor calidad de la democracia?, ¿cómo organizar apoyo creciente en la sociedad que dé poder y sostenibilidad a la democracia latinoamericana?

La democracia es un método de organización del poder y la sociedad para que sus habitantes progresen en la realización efectiva de sus derechos, entendiendo ese paso —de lo nominal a lo real— como la creación de ciudadanía. Esto nos llevará a afirmar que la calidad de la democracia está directamente vinculada con su capacidad para generar ciudadanía.

Ciudadanía es la igualdad en la posesión y ejercicio de los derechos que está asociada a la pertenencia a una comunidad. Hay mínimos de ciudadanía que por lo general no sólo son realizables sino que deben ser también exigibles al sistema democrático. La democracia exigible es la que se puede realizar dada la constelación de factores disponibles.
La democracia es sostenible, es decir genera capacidades para perdurar y ampliarse,
en la medida que su legitimidad de ejercicio y de fines (objetivos) se agreguen a la legitimidad de origen. Demagogia e ilegitimidad son los límites de la democracia sostenible.


Las democracias sostenibles son aquellas que logran cumplir con sus promesas respecto del ejercicio efectivo de los derechos por parte de sus ciudadanos.
La función de la democracia es redistribuir el poder para garantizar a los individuos el ejercicio de sus derechos. Pero, para lograr organizar el poder en la sociedad, la democracia a su vez precisa poder.

Una sociedad que cree poco en quienes la representan es una sociedad que puede terminar desvinculada de la democracia.

El riesgo hoy para las democracias latinoamericanas está mucho menos en los intentos para destituir presidentes que en la perdida de la legitimidad del sistema.

El reemplazo de las mayorías, que otorgaron la legitimidad originaria a través de las elecciones, por minorías durante el ejercicio del gobierno…. Conduce a gobiernos aislados de sus bases y dependientes de poderes particulares (fácticos).

La democracia no existe porque se garantiza la libertad; más bien, la libertad, que no es otra cosa que “libertades”, existe si hay democracia que otorgue derechos efectivos y organice el poder en la sociedad para garantizarlo.

Si una democracia no se concibe sin un Estado, un Estado democrático no es viable sin un sistema republicano de pesos y contrapesos en el ejercicio del poder. La calidad de la democracia exige igualmente el cabal funcionamiento del Estado democrático de derecho.

Íntimamente vinculada al poder y a la desigualdad se encuentra la fiscalidad. Quién
paga impuestos, para qué se usan y qué tipo de impuestos son predominantes, son
los temas que deberían estar entre los primeros imperativos de la agenda política de
los países de América Latina.
La democracia como arena pública implica cuestionar los privilegios en nombre de los derechos.