domingo, 14 de noviembre de 2010

MEDIOS Y MENSAJES

“…el medio es el mensaje porque es el medio el que configura y controla la escala y la forma de la asociación humana y su acción. Los contenidos o usos de los medios son tan diversos como ineficaces en configurar la forma de asociación humana”
“Incluso pequeños cambios en el ambiente de los que están muy bien adaptados, los sorprende sin recursos para enfrentar nuevos desafíos…….. Toda su inversión en estatus y seguridad está en una sola forma de conocimiento adquirido, por lo que la innovación no es para ellos novedad sino aniquilación.”

Marshall McLuhan http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mcluhan.htm en “Understanding Media; The extension of Man”

McLuhan, en su clásico ensayo sobre los “medios” afirma que nuestro interés por los contenidos, o la información que circula por los medios, y nuestros intentos por controlar ese contenido y darle significado, nos lleva a distraernos de lo verdaderamente transformadores que son los medios en sí mismos. Es decir, sea lo que sea que digamos a través de la radio, la mera existencia de ese medio de comunicación ya está transformando la forma en la que nos relacionamos en nuestra sociedad; no importa cuál sea el contenido de lo transmitido. Esto es más fácil entenderlo con el ejemplo que McLuhan mismo da, el de la electricidad. El hecho de que la electricidad sea transmitida y permita encender luces, hace que la relación día/noche cambie totalmente; con luces artificiales podemos organizar eventos de todo tipo a horas en que esto era imposible antes y así cambiar la forma en que una sociedad realiza sus transacciones. La electricidad no lleva ningún “contenido”. Este efecto o “mensaje” reorganizador de los nuevos medios sorprende a aquellos que han adquirido poder y estatus en una sociedad organizada en torno a otros, más antiguos medios; por ejemplo la escritura linear, el texto escrito en libros, las novelas, la imprenta. “Hoy ya nadie lee!” es la crítica que hacen los que hoy “saben” y quieren que la gente apague los televisores, deje de buscar cosas en INTERNET y se siente a leer los clásicos. También buscan “mejorar” el contenido de los programas de televisión, los programas de radio y de trillones de páginas de INTERNET para que la gente deje de leer, ver y tocar “basura”. Hay profesores que prohíben a sus alumnos usar INTERNET para preparar sus tareas porque “lo único que hacen es cortar y pegar”, en vez de memorizarse todo un libro y repetirlo como un loro. En realidad, la presencia de nuevos medios altera fundamentalmente la relación de poder entre los que “saben” y los que “no saben”. La sociedad interconectada de hoy es una sociedad en la que todos estamos aprendiendo al mismo tiempo; el paciente y su médico, el alumno y su profesor, el procesado y su abogado, el político y su electorado, el lector de noticias y el periodista. La reciente experiencia de la publicación en la red mundial de cientos de miles de archivos secretos de la CIA, nos muestra que “saber” ya no es “poder” porque todos pueden saber; en cualquier momento asistiremos a la revelación mundial de la fórmula secreta de Coca Cola. Ahora lo importante es saber aprender y saber usar mejor el conocimiento en la acción. Mi competidor no es más débil porque no conoce mi negocio. No puedo esconder información de mis proveedores, ni de mis empleados. No puedo guardar en secreto mis costos, ni mis fuentes de financiación, ni mis socios, ni mucho menos mis “buenas ideas”, que seguramente son las mismas que ya se le ocurrieron a millones de indios o chinos antes que a mí.
Creo que Stroessner, por intuición de dictador, sabía que sería malo para él que todos tuvieran acceso al teléfono, porque la gente se hablaría; no era tan peligroso lo que se dirían, sino el hecho de que el teléfono acercaría a todos y los haría más fuertes, en vez de tenerlos dispersos y debilitados. ANTELCO no llevó el teléfono a todos los hogares, como pudo haberlo hecho. Sin embargo, al dictador no le pareció peligroso que todos tuvieran luz eléctrica, porque supongo que así se los podrían vigilar mejor. ANDE sí llevó, aunque sea un foco, la luz a cada hogar.

domingo, 31 de octubre de 2010

SOCIEDAD Y VERDAD

“.. asumimos que la sustancia de la historia consiste en la experiencia por la cual el hombre llega a comprender su humanidad y con ella la comprensión de sus límites..”
“… en el primer caso, cuando el énfasis está puesto en la importancia del movimiento, sin claridad en cuanto a lo que sería la perfección final, …se interpreta progreso como el incremento cualitativo y cuantitativo del bien presente… esta es una actitud conservadora, y puede llegar a ser reaccionaria….En el segundo caso, cuando el énfasis está puesto en el estado de perfección, sin claridad sobre los medios requeridos para su realización, el resultado será utopía….., finalmente, la inmanentización [o la divinización de la idea de progreso] resulta en un activo misticismo de un estado de perfección a ser alcanzado mediante la transfiguración revolucionaria de la naturaleza humana ”

Eric Voegelin en “The New Science of Politics”

El inquietante y extraño Voegelin nos plantea un dilema difícil de resolver. Al creer que la verdad pertenece al hombre y que en esta vida sobre la tierra no vamos a llegar al paraíso, abandonamos la idea de que la organización social y el desarrollo tengan que ser representativos de una verdad superior e indiscutible; no hay Verdad con mayúscula, sólo tenemos nuestra verdad y ésta será lo que nosotros decidamos que sea. Esta ausencia de Verdad, nos obliga a negociar nuestra verdad y organizar a la sociedad en torno a las verdades que nosotros mismos institucionalizamos mediante, en el caso ideal, un extenso diálogo y debate o, en el común de los casos, mediante la imposición de la autoridad históricamente vigente. Esta permanente negociación de la verdad nos mantiene en indecisión respecto a las características que esperamos tenga nuestra sociedad “desarrollada”, el Paraguay jaipotava o nuestro “tekoha”.
La actitud conservadora, según Voegelin, es “más de lo mismo”, donde “más” es también “mejor”. Según esta forma de definir lo conservador, podemos ser emprendedores, entusiastas, constructores, inversores, arriesgados, visionarios, trabajadores, sacrificados, etc. , y al mismo tiempo estar en contra del cambio. Se me ocurre que nuestra relación con el equilibrio ecológico sufre de esta actitud conservadora, que se autodefine como “desarrollista”, pero que no abandona un modelo de crecimiento que consume el planeta a una velocidad que hoy ya nos ha colocado más allá del umbral de la sostenibilidad.
La actitud utópica, no nos ayuda mucho tampoco porque nos deja soñando con una sociedad ideal que no sabemos cómo alcanzar. Es más, ese modelo ideal está construido como proyección a futuro de lo bueno de la situación actual, o en el retorno a un pasado que hoy idealizamos, pero no de algo totalmente nuevo. La utopía de los indígenas americanos en 1490 definitivamente no incluía a los españoles, y nuestro futuro utópico hoy definitivamente no incluye la colisión con un asteroide gigante. Las utopías no pueden ser realistas porque el futuro es en gran medida impredecible. Querer imponer una utopía es querer imponer nuestro ideal como si fuésemos omnipotentes. Creo que esta actitud utópica existe en nuestra insistencia con la planificación y la formulación de “modelos” de desarrollo, especialmente en intelectuales que ven al gobierno ideal como lo veía Platón; el gobierno del filósofo y de las “ideas”.
La divinización del progreso, o el progreso como forma de avanzar hacia la santificación colectiva, implica trabajar para organizar la sociedad en torno a la verdad absoluta; es el proyecto de la representación colectiva de la verdad en esta vida. Implica salvar a cada uno antes de llegar a la otra vida, implica que el desarrollo en la verdad sea un proyecto apto para este mundo y que nuestro sistema de gobierno represente ese proyecto de “salvación”. Esta idea, bastante común en la antigüedad, se ha ido abandonando y, salvo en países en los cuales las autoridades religiosas y políticas se confunden, ha pasado a ser como un proyecto paralelo al proyecto social que cada individuo maneja por su cuenta y bajo su responsabilidad personal. Sin embargo, hay ideas o verdades menores que gente quiere divinizar o elevar a categoría de verdad absoluta y así divinizar la política que hacen confundiéndola con una cruzada santa (valga la redundancia). Creo que es lo que nos pasa con el nacionalismo, el patriotismo y el racismo y nuestra tendencia a creer que todo lo “nuestro” es sagrado, aunque sea malo y todo lo de ellos es maldito, aunque nos sirva.
Qué verdad representa nuestra sociedad y cuál es la verdad que debería representar?

domingo, 10 de octubre de 2010

Avatar y la línea roja

Acabo de ver “AVATAR” de James Cameron por primera vez y coincidentemente dos días después de ver “The Thin Red Line”, una obra maestra de Terrence Malick, por cuarta o quinta vez.
En las dos películas la naturaleza es protagonista. En Avatar, la naturaleza se rebela y destruye la fuerza de la humanidad depredadora que pretende consumir todo sin parar. En The Thin Red Line, la naturaleza actúa de escenario sobre el cual la humanidad se destruye, y destruye la naturaleza, por ambición de poder e intereses económicos disfrazados de patriotismo. Creo que The Thin Red Line es más “ecologista” que Avatar.
En Avatar, la naturaleza finalmente comprende que debe adoptar el comportamiento de los humanos para librarse de ellos haciéndoles probar su propia medicina; la violencia. La diosa de Pandora moviliza a todas las fieras a pedido de un humano converso, para que ejerzan la violencia y se liberen de la maldad y de la codicia corporativa de los grandes intereses económicos de una civilización que vive de la depredación de los recursos naturales. En The Thin Red Line, la naturaleza santa sufre indefensa la violencia del hombre malo que todo pretende conquistar, destruir y consumir. La naturaleza nunca imita al hombre; es incapaz de violencia.
El héroe de Avatar consigue conquistar los corazones de los habitantes de Pandora infiltrándose en forma traicionera y aprendiendo fácilmente su milenaria cultura en unas cuantas semanas, incluyendo su lengua y el favor de su dios, demostrando así su superioridad, su condición de mesías y la inferioridad de un pueblo supersticioso. En The Thin Red Line, el héroe da su vida por salvar a dos amigos y en este acto heroico retorna a la naturaleza que siempre veneró y que siempre vio como buena en contraste con la maldad de los hombres. Nunca pretende darle lección a nadie ni ser especial, ni mucho menos dominar a la naturaleza o influenciar a Dios.
El mensaje de Avatar es sencillo; la salvación también viene de tu enemigo, al cual debes imitar y superar en su propio juego. La lección de The Thin Red Line es que el hombre se volvió malo y abandonó a la naturaleza buena, intoxicado por su vanidad y su codicia sin límites.
Para que el desarrollo de nuestras sociedades sea sostenible en el tiempo, la responsabilidad es nuestra, la naturaleza no se va a rebelar ni va a adoptar nuestra violencia para combatirnos. Siempre pondrá la otra mejilla, como una santa.

domingo, 8 de agosto de 2010

Más allá de la experiencia

Immanuel Kant (1724 – 1804)http://es.wikipedia.org/wiki/Immanuel_Kant , en su obra “Crítica a la Razón Pura” escribió:

“La ligera paloma cortando en vuelo libre el fino aire, cuya resistencia siente, podría imaginarse que sus movimientos serían mucho más libres y rápidos en el espacio sin aire”

La paloma por supuesto caería sin la resistencia del aire en el cual puede volar. Así también es necesario tener cuidado cuando volamos con nuestro pensamiento y razonamos sin tener en cuenta la experiencia y la realidad empírica. Podemos estar construyendo fantasías irrealizables, utopías que seducen nuestras mentes y les impiden ver la realidad y su resistencia, tan necesaria al desarrollo de las sociedades.
Kant nos explica que cuando algunas de nuestras ideas se elevan completamente por encima de la esfera de toda posible experiencia, allí donde la experiencia no puede ofrecer ni guía ni instrucción, estamos en el mundo de la “razón”, que por esa cualidad más pura o menos “contaminada” por la experiencia, nos parece preferible y más perfecta que la comprensión que podemos alcanzar dentro del mundo de los sentidos y de lo concreto. Esta razón sin ataduras puede ser válida para la consideración de ciertas cuestiones importantes como la inmortalidad o la existencia de Dios, pero no nos ayuda mucho ante la necesidad de decidir sobre el futuro de nuestra sociedad en el sentido político, económico o ambiental.
Platón describió la situación normal de los hombres como estando dentro de una caverna donde sólo podían ver las sombras que se proyectaban en las paredes por la luz del sol que venía de la entrada de la caverna a sus espaldas. Para conocer la verdad, los hombres debían salir de la caverna y contemplar la luz del sol. Esta metáfora puede ser interpretada como una invitación a contemplar ideales inalcanzables, como sería el sol en la imaginación de aquella época, pero se podría argumentar también que salir de la caverna es una forma de conocer más la realidad y que esa salida de la caverna es una experiencia concreta que ilumina al hombre, lo hace ver lo que no había visto por estar muy encerrado en su propia experiencia. En otras palabras, la tentación contraria a la libre imaginación también existe; a veces queremos quedarnos en nuestra cueva de experiencia sin atrevernos a salir y ver donde brilla el sol.
Siempre debemos hacer esfuerzos por alcanzar a conocer lo mejor de nuestra realidad ya que de esa manera podremos encontrar las soluciones a nuestros problemas, pero no debemos deslumbrarnos con “ideas” irrealizables e inalcanzables, ni debemos huir de la experiencia y encerrarnos nuevamente en la caverna de nuestra limitada existencia. Si nuestros planes de desarrollo se asemejan más a la hoja-de-ruta de la búsqueda de la tierra prometida o a la descripción de nuestro “tekoha” o “tierra sin mal”, entonces no son planes sino simples sueños que pueden servir de guía a los brujos, pero no a una sociedad organizada. Si nuestros planes de desarrollo consisten en repetir lo que siempre hemos hecho, en el mismo lugar, sin atrevernos a mirar la realidad desde otro ángulo y bajo otra luz, entonces nuestros planes estarán basados en las sobras reflejadas en el fondo de nuestro sub-desarrollo actual. No podemos ser una paloma que pretende volar en el vacío ni una avestruz que nunca saca la cabeza del suelo.

domingo, 27 de junio de 2010

Ponerse la camiseta

Michael J. Sandel (1953 - ) http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Sandel en su obra “Justice; what´s the right thing to do?” nos dice lo siguiente:

“… Con la pertenencia viene la responsabilidad. No puedes estar verdaderamente orgulloso de tu país y de su pasado si no tienes la voluntad de asumir responsabilidad alguna en traer su historia al presente y asumir el descargo de las obligaciones morales que esto trae consigo”

Sandel, hablando de justicia, nos recuerda que somos parte de una narrativa, de una historia que nos hace solidarios con quienes hemos compartido esa historia y que nos hace responsables a todos de la carga moral de esa historia. Nos sentimos parte de la comunidad, el grupo, o la sociedad que ha sido parte de nuestra historia; la historia de cada uno de nosotros. Sandel nos dice que muchos pueden sentir desagrado o rencor por lo que ha hecho un país ajeno, pero sólo pueden sentir vergüenza los que pertenecen a ese país. Sentir vergüenza por lo que Paraguay hace, o ha hecho en el pasado, es un sentimiento que sólo los que pertenecemos al Paraguay podemos sentir. Los que pertenecemos al Paraguay, somos aquellos para quienes el Paraguay es parte de la narrativa de nuestras vidas.
Siguiendo con esta línea de pensamiento, podemos argumentar que la tendencia nuestra de no aceptar como “paraguayos” a menonitas, japoneses, coreanos, brasiguayos, alemanes u otras minorías, es consecuencia de sentir que con ellos no tenemos una narrativa común, que no hemos compartido la historia con ellos a pesar de vivir en el mismo territorio. Igual, o peor, ocurre con los indígenas, que son discriminados y excluidos por los demás paraguayos en general, ricos y pobres, en entidades públicas y privadas. Los indígenas mismos se refieren a los “paraguayos” como otros distintos. No vemos a los indígenas como parte de nuestra narrativa, a pesar de que su idioma y sus rasgos físicos están presentes en gran parte de nuestra sociedad. Sin embargo, reconocemos a los paraguayos de Buenos Aires y ellos se consideran paraguayos aun habiendo nacido en la capital argentina y quizá sin ni siquiera tener cédula de identidad paraguaya. Chilavert, nacido en Argentina, hablando como argentino y con pasaporte italiano es, sin dudas, paraguayo y nos enorgullecíamos y avergonzábamos con las cosas que hacía en la cancha de fútbol.
Una mayor solidaridad y una mayor responsabilidad por la suerte de las minorías de nuestro país se lograría integrando a todos a nuestra historia; a la narrativa de los habitantes del Paraguay. Creo que la selección nacional de fútbol, la Albirroja, cumple de alguna manera imperfecta esa misión; forma parte de la narrativa de todos y de todas los que habitamos este país o que estamos ligados a él por historia personal. Ojalá tuviésemos más y más cosas en común, más y más acontecimientos compartidos entre todos, más de lo cual enorgullecernos y avergonzarnos todos juntos. Así sería más fácil ponerse la camiseta del Paraguay todos los días y asumir la responsabilidad de lograr su desarrollo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Un IRP útil

“La naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos, placer y dolor. Les corresponde sólo a ellos señalar qué debemos hacer, así como también determinar qué haremos…. El principio de utilidad reconoce esta sujeción, y la asume como el fundamento de ese sistema; cuyo objeto es promover la felicidad de manos de la razón y la ley..”

Jeremy Bentham en “An introduction to the Principles of Morals and Legislation”

“…. La felicidad que constituye el estándar utilitario de qué está bien en una conducta, no es la felicidad particular del agente sino la de todos los interesados….”

John Stuart Mill en “Utilitarianism”

Mi comentario de la semana pasada provocó varias objeciones a mi injusto tratamiento de los utilitarios como superficiales y carentes de virtudes. Mario Ramos Reyes me escribió diciendo “lo malo es que no somos utilitarios, ojalá lo fuésemos”, y… tiene razón. Los utilitarios, con Bentham y J.S.Mill a la cabeza de ese grupo de pensadores, proponen una ética muy valiosa para orientar las decisiones, especialmente las de gobierno. Siempre debemos calcular si la decisión va aumentar el total de bienestar en una sociedad o si lo va a disminuir. Dicho de otra manera, si la disminución de bienestar para unos es más que compensada por el aumento de bienestar en los otros de forma a que el total neto de bienestar aumente, entonces la decisión está bien. Tomemos como ejemplo el Impuesto a la Renta Personal, el IRP.

Si actuásemos según la ética utilitaria, nos esforzaríamos primero en calcular y demostrar con evidencias el efecto de reducción de bienestar que este impuesto causaría a los que tienen que pagarlo y luego nos esforzaríamos por calcular y demostrar el aumento del bienestar de los otros que lograríamos con ese dinero adicional que, en vez de ser usado por los que pagan el impuesto sería usado por el gobierno. Dicho de otra manera, el uso que el gobierno hace del dinero recaudado con el IRP debería producir mayor bienestar que el que ese dinero produce en manos de las personas que serán obligadas a entregárselo al gobierno.
Como no somos utilitarios, ese no ha sido el rumbo que han tomado las discusiones. Más bien se ha presentado el IRP como una forma de hacer justicia y de descubrir a los lavadores de dinero, testa ferros y otros “mafias” locales. Con estos argumentos aumentamos la pérdida de bienestar de los pagadores del IRP, porque ahora no sólo son “unos privilegiados” sino además son sospechosos de ser criminales. “Vos pagás el IRP?... ah, entonces vos sos un privilegiado sospechoso que al fin está haciendo algo por la patria!”.
Tampoco se ha podido demostrar con cifras que el gobierno producirá más bienestar con ese dinero que el que produce el mismo capital en manos del sector “privilegiado” que ahora lo administra. Más bien, pesaen contra el historial de ineficiencia del estado en general y el aumento constante de la planilla de funcionarios públicos que no parecen producir ningún bienestar más que el suyo propio. “Vos pagás el IRP?... ah, entonces vos sos uno de esos ingenuos que pagan a todos esos planilleros que están en los freezers”.

Si fuésemos utilitarios, podríamos haber propuesto un Impuesto Transitorio de Estabilización y Desarrollo de la Zona Norte, incluyendo mecanismos de control partidario y ciudadano sobre lo recaudado, con la promesa de dedicar los recursos íntegramente a mejorar la situación social y de seguridad de los cuatro departamentos más afectados por la criminalidad y la ausencia de servicios del estado. No lo estoy proponiendo, estoy dando un ejemplo. Quizá esto hubiese sido más útil y más claramente una contribución positiva a la suma de bienestar general; pero como siempre, preferimos las discusiones maniqueas, supuestamente basadas en discusiones sobre virtudes.
Claro que también, cualquier argumento llevado al extremo se vuelve algo más difícil de digerir, por ejemplo: Por qué no les liberamos a los legisladores del pago del IRP, así el total de la disminución del bienestar es menor y el aumento del bienestar general sería prácticamente el mismo. También, además de liberar a los legisladores del pago del IRP, podríamos obligar al gobierno a dedicar todo lo recaudado a trasmitir fútbol todo el día por televisión (como lo hace el gobierno argentino; no es un invento mío), así es seguro que la mayoría de varones de la república verían el total de su “bienestar” aumentado. “Vos pagás el IRP?... ah entonces vos sos uno de esos grandes bo… que entrega su dinero para que los planilleros que están en los freezers vean fútbol gratis todo el día con los legisladores!!”

domingo, 23 de mayo de 2010

Sin tirar las virtudes a la basura

“Para todos llega el momento en el que, se quiera o no, es necesario enraizar la propia existencia en una verdad reconocida como definitiva, que dé una certeza no sometida ya a la duda….. él nunca podría fundar su propia vida sobre la duda, la incertidumbre o la mentira; tal existencia estaría continuamente amenazada por el miedo y la angustia…..El hombre, ser que busca la verdad, es pues también aquel que vive de creencias.”
Juan Pablo II, en la carta encíclica “Fides Et Ratio”, 1998

El Papa nos dice que no hay motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización. La certeza de Dios, nos recuerda, nos da las fuerzas para continuar el camino hacia la verdad como exploradores, cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo chantaje de la duda. Esta certeza debería fijar el norte de nuestro viaje.
En el desarrollo de una sociedad, en esa evolución colectiva e intencional que pretende llevarnos a estadios más elevados de bienestar, nuestro rol de exploradores, que no dejan nada sin probar, ni piedra sin remover, ni principio sin cuestionar, puede producir momentos en los que sentimos la ausencia de la verdad; sentimos que ya nadie cree en nada y que todo es reducido a su utilidad y su valor de intercambio. Los soldados que combaten ya no lo hacen por la patria sino por un sueldo, los legisladores proponen y discuten leyes como si el congreso fuese sólo un mercado de intereses crematísticos. Las personas más reconocidas y famosas son las más escandalosas e impúdicas, no las más santas o más sabias. Todo es ”práctico” y todo es ”útil”, todo está a “precio de mercado”. La virtud no parece ser importante ni es considerada un “activo”. Nadie te da un préstamo porque seas honesto, te lo dan porque tenés un buen historial de crédito o porque podés otorgar garantías “reales”. Tu ambición no es ser reconocido como santo o bueno, sino como “competitivo” y “ejecutivo”. Hasta los delincuentes más feroces, o mejor dicho, justamente los más feroces, son considerados “profesionales”, como si fuesen poseedores de “expertise” y “know how” valiosos y merecedores de un título universitario.
La preeminencia actual del pensamiento utilitario nos ha llevado a organizarnos como si el utilitarismo fuese una moral, o, dicho de otra manera, como si lo útil fuese lo justo, en el sentido virtuoso de la palabra. Me da la impresión de que en muchos sentidos hemos adoptado las ideas utilitarias como verdades reconocidas como definitivas, que dan una certeza no sometida ya a la duda. En realidad, el utilitarismo es un conjunto de ideas esenciales para entender el funcionamiento de la economía y por lo tanto para el desarrollo económico, pero no creo que eso nos obligue a adoptar ideas utilitarias como verdades que rigen todas las esferas de la actividad colectiva. Supongo que como país, podemos ser competitivos, prácticos, útiles, ejecutivos y otorgar garantías reales sin tener por ello que tirar las virtudes a la basura.

domingo, 9 de mayo de 2010

Hacer lo que es justo

“Dos hombres que reman juntos en un bote, lo hacen por acuerdo o convenio, aunque nunca hayan prometido nada uno al otro”
“Aquí entonces te dejo trabajar solo: Tú me tratas de la misma manera. El tiempo cambia y ambos perdemos nuestras cosechas por falta de confianza mutua y seguridad”
“Por lo tanto aprendo a brindarle un servicio al otro sin tenerle realmente ninguna simpatía, porque estoy previendo que me devolverá el servicio en expectativa de otro de la misma naturaleza y para mantener la misma correspondencia de buenos oficios conmigo o con los otros”
“… ni se requiere, para formar este concierto o convenio, más que el sentido de interés de todos en el cumplimiento fiel del compromiso y la expresión de dicho interés a otros miembros de la sociedad. Esto, causa inmediatamente que el interés opere sobre ellos; siendo el interés lo primero que obliga al cumplimiento de la promesa. Después, un sentimiento moral concurre con el interés y lo transforma en una nueva obligación…”

David Hume http://www.luventicus.org/articulos/02A036/hume.html en “Tratado sobre la Naturaleza Humana”

David Hume reflexionaba en el siglo 18 sobre la naturaleza humana y encontró que el interés es el sentimiento que precede a las convenciones, tratados o leyes. Si no fuera porque tenemos interés en preservar la propiedad privada o la seguridad, no llegaríamos nunca a respetar las leyes que nosotros mismos aprobamos para preservar estos dos aspectos centrales a nuestra convivencia pacífica. Pero también nos dice que el reconocimiento del interés como algo mutuo o recíproco requiere un proceso de aprendizaje que puede ser duro, incluyendo incluso la pérdida de cosechas o situaciones peores.
La convicción de que es conveniente para mis intereses tomar en cuenta y respetar los intereses de otros es un paso necesario para la conformación de una sociedad respetuosa de leyes, contratos y promesas. Yo no puedo pretender que la sociedad respete los acuerdos conmigo y favorezca mis intereses si yo no respeto los intereses de otros ni cumplo mis promesas. Es de una ingenuidad muy grande creer que los otros respetarán los acuerdos que favorecen mis intereses si los otros no tienen ningún interés concreto en hacerlo o si yo no respeto los acuerdos que favorecen los intereses de los otros. Esto tanto entre personas, como entre organizaciones o entre países. Nadie será objeto de un trato favorable sólo por una ley de justicia natural; las sociedades funcionan y se desarrollan porque a sus miembros les conviene que así sea y conviene a sus intereses, llámense propiedad, seguridad, fama, salud, etc.
Este reconocimiento pragmático de la fuerza de los intereses y de la necesidad de llegar a acuerdos que los respeten, es un paso importante en el aprendizaje de las sociedades. En nuestro caso, creo que la práctica e historia de nuestra relación con Brasil debería habernos enseñado hace harto tiempo que no es porque seamos más pobres (y en realidad no hace mucho que somos más pobres que ellos), ni tampoco porque no tengamos costas marítimas, ni siquiera porque ellos se sientan culpables de haber perpetrado un genocidio en nuestra tierra (lo cual es reconocido por varios de sus historiadores), ni menos aún porque ellos y nosotros padecimos la autoridad de dictadores militares, ni por ninguna otra razón que no sea la de sus intereses actuales y concretos, que Brasil va a cooperar con el Paraguay o nos va a regalar algo. Represas, puentes o líneas de transmisión. Libre tránsito de sacoleiros, contrabandistas, trabajadores o estudiantes. Préstamos, donaciones o financiaciones baratas; todo depende del interés recíproco. Se hará lo que sea más conveniente, en el sentido económico y político, para ellos y para nosotros. Y eso es lo que llamamos hacer lo que es justo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Heterofobia

“Heterofobia:
El sentimiento de temor y odio ante otros, los distintos, los extraños, los forasteros, los que irrumpen desde el exterior en nuestro círculo de identificación. ….
El reconocimiento indiscutible de aquellos que forman nuestro grupo se consolida por medio de la renuncia a asemejarnos con el resto de los seres que van quedando fuera del círculo identificatorio
La sociedad democrática liberal representa un ejercicio político en contrapelo de lo que ha sido la constante milenaria en tribus, naciones, Estados a lo largo de siglos; un sistema que establece la comunidad en el desarraigo de los derechos que provenían de los dioses, linaje o pertenencia territorial y en su refundación como convención igualitaria respetuosa de la autonomía individual.”

Fernando Savater (1947 - ), en su Diccionario Filosófico

Las desigualdades que impiden el desarrollo económico y social tienen raíces profundas en estos procesos de identificación por exclusión que resume la palabra heterofobia. La discriminación contra la mujer, contra el negro, contra el indígena, contra el extranjero, contra el pobre, el judío, la persona con discapacidad, etc., es una prueba de la falta de autonomía individual, la falta de confianza en la personalidad propia, la falta de autoestima individual. Pareciera ser que no nos sentimos personas hasta que no somos semejantes a otros e incluidos en un grupo con “etiqueta”. Soy liberal, soy colorado, soy pobre, soy paraguayo. Son menonitas, son coreanos, son “cristianos”, son brasiguayos, son privilegiados, son zurdos, son corruptos, son rascas, son chuchis.
Muchos creen que la sociedad va a mejorar con la victoria de “nosotros” sobre “ellos” y que se hundirá definitivamente en el caos si “ellos” triunfan sobre “nosotros”. Stalin y Hitler basaron sus regímenes totalitarios en este concepto maniqueo. Yo prefiero creer que podemos crear un gran “espacio público” donde nos encontremos todos, nos escuchemos todos y nos pongamos de acuerdo.
Qué ingenuo!?. Es sin dudas un proceso difícil, muchas veces frustrante y al final quizá poco gratificante para aquel que quiere “triunfar” con su palabra y sus ideas. Por la misma razón que nos separamos y nos discriminamos, también encaramos las discusiones como una oportunidad de vencer al otro en vez de reflexionar juntos sobre la realidad que compartimos; queremos que el mundo sea como nos conviene a nosotros, no a ellos.
El desarrollo es una evolución colectiva intencional. Nuestra intención de progresar se demuestra en nuestro esfuerzo por hacerlo colectivamente, sin discriminar.

lunes, 26 de abril de 2010

El espíritu del mundo

"El espíritu determinado de un pueblo… posee el momento de la determinación geográfica y climática con arreglo a esa faceta natural; está en el tiempo y con arreglo al contenido posee esencialmente un principio particular…….. ha de recorrer un desarrollo de su consciencia y de su realidad efectiva determinado por ese principio; tiene una historia dentro de sí…… su autosuficiencia es algo subordinado; entra en la historia general del mundo… o sea, al juicio universal."

G.W.F. Hegel ( 1770 – 1831) en “ Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas”

Goethe habría dicho después de leer a Hegel, “sigo intrigado, pero ahora a un nivel más elevado”; es que Hegel es para muchos muy obscuro y confuso. Aquí en la cita, se refleja su pensamiento respecto al rol predominante de la historia universal y cómo esta historia es la revelación del espíritu del mundo, al cual cada pueblo contribuye lo suyo, dentro de este plan de revelación. Esta idea es para muchos el germen del materialismo histórico de Marx; donde Hegel veía la revelación del espíritu y la esencia, Marx vio la dinámica de lucha de clases.

Ubicarse como sociedad en desarrollo dentro del “espíritu del mundo” es entender que tenemos un papel a jugar más allá de nuestro pequeño territorio y que lo queramos o no, seremos parte de la historia del mundo. Los paraguayos, cobramos conciencia de nuestra propia realidad a través de la dialéctica, o interacción, con la conciencia de otros pueblos como Brasil, Argentina o los Estados Unidos de América. En esta interacción, podemos terminar siendo serviles y mendicantes, estigmatizados como sub-desarrollados y dependientes, o podemos fortalecer nuestra autoestima (una auto-conciencia positiva) y tratar de igual a igual a todos.
Ser parte de la historia no debería interpretarse como ser esclavo de la historia sino como partícipe impulsor del espíritu del mundo

domingo, 11 de abril de 2010

Orden y Progreso

“… el positivismo presenta directamente al progreso humano como consistente siempre en el simple desarrollo del orden fundamental, que contiene necesariamente el germen de todos los progresos posibles……. el curso de cualquiera de estas transformaciones no puede jamás consistir en algo más que una evolución, sin conllevar ninguna creación… el progreso deviene a su vez la manifestación del orden”

Auguste Comte (1798 -1857) en “Discurso sobre el conjunto del positivismo”

Fundador del positivismo, una escuela con influencia en América Latina, Comte creía que algún día el hombre podría explicar todo el universo científicamente y entonces intervenir para mejorar el mundo. Pero nunca podremos crear nada. De ahí que el desarrollo de las sociedades es la manifestación de un orden natural que puede o no ser mejorado por nosotros, pero que nos limita y domina.
En tiempos de Comte, la idea de un orden inquebrantable quizá venía del miedo a desafiar a Dios o más simplemente de desafiar al orden establecido. Pretender crear era, y sigue siendo para muchos hoy, una herejía, un pecado de soberbia. Comte manifestaba creer en ese orden fundamental inalterable que era el plan de Dios, o su creación. Hoy, con los avances en ingeniería genética, hoy, cuando el hombre ha logrado no sólo controlar procesos naturales, como las reacciones nucleares, sino desencadenarlos adrede. Hoy no sabemos si el desarrollo es resultado de un orden natural o si podemos atrevernos a comer la manzana y crear nuestro propio paraíso.

domingo, 4 de abril de 2010

Naciones y Patriotas

“Por qué me mata usted?” “Y qué, no vive usted del otro lado del agua? Mi amigo, si usted viviera de este lado, yo sería un asesino y sería injusto matarlo de esta manera. Pero siendo que usted vive al otro lado, yo soy un valiente y aquello es justo”…….”Un meridiano decide la verdad”

Blaise Pascal (1623 – 1662) en "Pensamientos", n°84

El científico y pensador francés resume en este diálogo lo absurdo que puede llegar a ser la lógica de las nacionalidades y del patriotismo. Un diálogo actualizado podría ser, “Por qué me detiene usted en esta cárcel si lo que quiero es trabajar para usted y su comunidad?” “Y qué, no viene usted del otro lado del mar? Mi amigo, si usted tuviese pasaporte europeo, yo sería un secuestrador y sería ilegal encerrarlo. Pero siendo que usted arriesgó su vida atravesando el mar en una balsa, lo que hago es cumplir con mi deber y es justo”
El nacionalismo no ha contribuido mucho al desarrollo de las naciones. Es más, el nacionalismo es una barrera al desarrollo. El nacionalismo es enemigo del capitalismo porque impide el libre comercio y el libre tránsito de trabajadores y es enemigo del socialismo porque impide la solidaridad internacional. Peor es el nacionalismo cuando los nacionalistas confunden lo “nacional” con lo “estatal”; con esa lógica, termina siendo “patriota” quien apoya a las empresas estatales deficitarias y consume, sin quejarse, los productos nacionales de mala calidad y alto costo. Resulta “patriótico” gastar en sueldos innecesarios el dinero que debería invertirse en proveer agua potable o electricidad, pero es antipatriótico permitir que inversionistas extranjeros contraten compatriotas en empresas rentables. El nacionalismo fue inspiración del imperialismo y muestra su peor cara cuando confunde “nación” con raza o religión. El nacionalismo antepone lo “auténtico” a lo “nuevo” y de esa manera frena el desarrollo de las artes y la ciencia.
Pero no hay que temerle tanto al nacionalismo, por lo menos si uno se fija en los “nacionalistas”; no parecen estar muy convencidos de su propio discurso. Los nacionalistas invierten en el extranjero, si les conviene, y no en las empresas deficitarias del estado, trabajan para empresas extranjeras, si les conviene, aunque figuren en la planilla de una empresa “nacional”, mueren por ir a Miami y son capaces de inventar un abuelo para obtener un pasaporte europeo. Quizá el “nacionalismo” sea una farsa que algunos “patriotas” han tomado en serio para beneficio de algunos “nacionalistas” sin patria.

domingo, 28 de marzo de 2010

Todo es para el Hombre

“Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin, e incluso tienen por cierto que Dios mismo dirige todas las cosas hacia un cierto fin, pues dicen que Dios ha hecho todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto……… Pero al pretender mostrar que la naturaleza no hace nada en vano (esto es: no hace nada que no sea útil a los hombres), no han mostrado, parece, otra cosa sino que la naturaleza y los dioses deliran lo mismo que los hombres”

Baruch Spinoza (1632 – 1677) en “ÉTICA”


El panteísta del siglo diez y siete argumentaba que todo venía de Dios, pero que Dios no podía seguir un plan o un objetivo porque no podía haber un plan o un objetivo que tuviese el poder de obligar a un ser omnipotente. Al promover el desarrollo, es decir la evolución intencional y colectiva de una sociedad hacia estadios de mayor bienestar, los seres humanos partimos de la premisa y “verdad” que el mundo es nuestro y que es “natural”, y en acuerdo con la voluntad de Dios, disponer de la naturaleza para nuestros fines. No sólo la tierra nos pertenece, sino el mundo en su totalidad, es decir, todo lo que conocemos y conoceremos.
El cambio de clima o el “calentamiento global” no es un problema hasta que nos afecte a nosotros los humanos, así también la deforestación o el uso intensivo de petróleo. Los cambios en la naturaleza nos interesan en la medida que nos impiden llevar adelante nuestro gran proyecto de conquista del mundo. El hombre, como decía Hegel, se pasea por el mundo como si fuese su jardín. Estos límites y desafíos que nos presenta la naturaleza, incluso nos fortalecen según la teoría de la evolución de las especies y la “supervivencia del más apto” según Spencer.
El hombre inició su camino hacia el desarrollo económico y social hace apenas unos cientos de miles de años. Quizá deberíamos recordar que los dinosaurios dominaron la tierra por más de doce millones de años hasta que un meteorito los hizo desaparecer.

domingo, 21 de marzo de 2010

Destruir y construir

“Y en fin; como para empezar a reconstruir la casa en que se vive no basta haberla derribado… y haber trazado cuidadosamente el plano, sino que también hay que proveerse de alguna otra habitación en donde pasar cómodamente el tiempo que dura el trabajo, de igual modo, con el fin de no permanecer irresoluto en todas mis acciones mientras la razón me obligase a serlo en mis juicios…, me formé una moral provisional

René Descartes en “Discurso del Método”

Descartes había decidido dudar de todo y viajar por el mundo escuchando opiniones. Había decidido cambiar intencionalmente su conocimiento y no aceptar sin dudar las cosas que le decían y enseñaban. Esta decisión, pero en forma colectiva, es también el inicio del desarrollo de una sociedad; la duda sobre las bondades de la situación actual. Una sociedad que cree estar bien, no tiene por qué echar abajo la casa y vivir en una estructura provisoria, en permanente reforma, mientras trata de construir algo mejor siguiendo un plan de éxito incierto.
La fuerza del conservadurismo, el rechazo al cambio y la creencia de que así como estamos podemos progresar, o estar bien, es difícil de contrarrestar o vencer. Es más, muchos movimientos que se dicen revolucionarios son en realidad conservadores y buscan, antes que progresar, retornar a algún pasado idílico o idealizado, tal como el ángel caído volvería al paraíso perdido

jueves, 18 de marzo de 2010

Una idea nueva

Este espacio es el que usaré para publicar citas y reflexiones sobre la idea de desarrollo, entendido éste como la evolución intencional de una sociedad hacia estadios de mayor bienestar.
Pienso en tratar de mantener la reflexión más a un nivel filosófico que técnico