domingo, 28 de marzo de 2010

Todo es para el Hombre

“Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin, e incluso tienen por cierto que Dios mismo dirige todas las cosas hacia un cierto fin, pues dicen que Dios ha hecho todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto……… Pero al pretender mostrar que la naturaleza no hace nada en vano (esto es: no hace nada que no sea útil a los hombres), no han mostrado, parece, otra cosa sino que la naturaleza y los dioses deliran lo mismo que los hombres”

Baruch Spinoza (1632 – 1677) en “ÉTICA”


El panteísta del siglo diez y siete argumentaba que todo venía de Dios, pero que Dios no podía seguir un plan o un objetivo porque no podía haber un plan o un objetivo que tuviese el poder de obligar a un ser omnipotente. Al promover el desarrollo, es decir la evolución intencional y colectiva de una sociedad hacia estadios de mayor bienestar, los seres humanos partimos de la premisa y “verdad” que el mundo es nuestro y que es “natural”, y en acuerdo con la voluntad de Dios, disponer de la naturaleza para nuestros fines. No sólo la tierra nos pertenece, sino el mundo en su totalidad, es decir, todo lo que conocemos y conoceremos.
El cambio de clima o el “calentamiento global” no es un problema hasta que nos afecte a nosotros los humanos, así también la deforestación o el uso intensivo de petróleo. Los cambios en la naturaleza nos interesan en la medida que nos impiden llevar adelante nuestro gran proyecto de conquista del mundo. El hombre, como decía Hegel, se pasea por el mundo como si fuese su jardín. Estos límites y desafíos que nos presenta la naturaleza, incluso nos fortalecen según la teoría de la evolución de las especies y la “supervivencia del más apto” según Spencer.
El hombre inició su camino hacia el desarrollo económico y social hace apenas unos cientos de miles de años. Quizá deberíamos recordar que los dinosaurios dominaron la tierra por más de doce millones de años hasta que un meteorito los hizo desaparecer.

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