domingo, 9 de mayo de 2010

Hacer lo que es justo

“Dos hombres que reman juntos en un bote, lo hacen por acuerdo o convenio, aunque nunca hayan prometido nada uno al otro”
“Aquí entonces te dejo trabajar solo: Tú me tratas de la misma manera. El tiempo cambia y ambos perdemos nuestras cosechas por falta de confianza mutua y seguridad”
“Por lo tanto aprendo a brindarle un servicio al otro sin tenerle realmente ninguna simpatía, porque estoy previendo que me devolverá el servicio en expectativa de otro de la misma naturaleza y para mantener la misma correspondencia de buenos oficios conmigo o con los otros”
“… ni se requiere, para formar este concierto o convenio, más que el sentido de interés de todos en el cumplimiento fiel del compromiso y la expresión de dicho interés a otros miembros de la sociedad. Esto, causa inmediatamente que el interés opere sobre ellos; siendo el interés lo primero que obliga al cumplimiento de la promesa. Después, un sentimiento moral concurre con el interés y lo transforma en una nueva obligación…”

David Hume http://www.luventicus.org/articulos/02A036/hume.html en “Tratado sobre la Naturaleza Humana”

David Hume reflexionaba en el siglo 18 sobre la naturaleza humana y encontró que el interés es el sentimiento que precede a las convenciones, tratados o leyes. Si no fuera porque tenemos interés en preservar la propiedad privada o la seguridad, no llegaríamos nunca a respetar las leyes que nosotros mismos aprobamos para preservar estos dos aspectos centrales a nuestra convivencia pacífica. Pero también nos dice que el reconocimiento del interés como algo mutuo o recíproco requiere un proceso de aprendizaje que puede ser duro, incluyendo incluso la pérdida de cosechas o situaciones peores.
La convicción de que es conveniente para mis intereses tomar en cuenta y respetar los intereses de otros es un paso necesario para la conformación de una sociedad respetuosa de leyes, contratos y promesas. Yo no puedo pretender que la sociedad respete los acuerdos conmigo y favorezca mis intereses si yo no respeto los intereses de otros ni cumplo mis promesas. Es de una ingenuidad muy grande creer que los otros respetarán los acuerdos que favorecen mis intereses si los otros no tienen ningún interés concreto en hacerlo o si yo no respeto los acuerdos que favorecen los intereses de los otros. Esto tanto entre personas, como entre organizaciones o entre países. Nadie será objeto de un trato favorable sólo por una ley de justicia natural; las sociedades funcionan y se desarrollan porque a sus miembros les conviene que así sea y conviene a sus intereses, llámense propiedad, seguridad, fama, salud, etc.
Este reconocimiento pragmático de la fuerza de los intereses y de la necesidad de llegar a acuerdos que los respeten, es un paso importante en el aprendizaje de las sociedades. En nuestro caso, creo que la práctica e historia de nuestra relación con Brasil debería habernos enseñado hace harto tiempo que no es porque seamos más pobres (y en realidad no hace mucho que somos más pobres que ellos), ni tampoco porque no tengamos costas marítimas, ni siquiera porque ellos se sientan culpables de haber perpetrado un genocidio en nuestra tierra (lo cual es reconocido por varios de sus historiadores), ni menos aún porque ellos y nosotros padecimos la autoridad de dictadores militares, ni por ninguna otra razón que no sea la de sus intereses actuales y concretos, que Brasil va a cooperar con el Paraguay o nos va a regalar algo. Represas, puentes o líneas de transmisión. Libre tránsito de sacoleiros, contrabandistas, trabajadores o estudiantes. Préstamos, donaciones o financiaciones baratas; todo depende del interés recíproco. Se hará lo que sea más conveniente, en el sentido económico y político, para ellos y para nosotros. Y eso es lo que llamamos hacer lo que es justo.

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