domingo, 10 de octubre de 2010

Avatar y la línea roja

Acabo de ver “AVATAR” de James Cameron por primera vez y coincidentemente dos días después de ver “The Thin Red Line”, una obra maestra de Terrence Malick, por cuarta o quinta vez.
En las dos películas la naturaleza es protagonista. En Avatar, la naturaleza se rebela y destruye la fuerza de la humanidad depredadora que pretende consumir todo sin parar. En The Thin Red Line, la naturaleza actúa de escenario sobre el cual la humanidad se destruye, y destruye la naturaleza, por ambición de poder e intereses económicos disfrazados de patriotismo. Creo que The Thin Red Line es más “ecologista” que Avatar.
En Avatar, la naturaleza finalmente comprende que debe adoptar el comportamiento de los humanos para librarse de ellos haciéndoles probar su propia medicina; la violencia. La diosa de Pandora moviliza a todas las fieras a pedido de un humano converso, para que ejerzan la violencia y se liberen de la maldad y de la codicia corporativa de los grandes intereses económicos de una civilización que vive de la depredación de los recursos naturales. En The Thin Red Line, la naturaleza santa sufre indefensa la violencia del hombre malo que todo pretende conquistar, destruir y consumir. La naturaleza nunca imita al hombre; es incapaz de violencia.
El héroe de Avatar consigue conquistar los corazones de los habitantes de Pandora infiltrándose en forma traicionera y aprendiendo fácilmente su milenaria cultura en unas cuantas semanas, incluyendo su lengua y el favor de su dios, demostrando así su superioridad, su condición de mesías y la inferioridad de un pueblo supersticioso. En The Thin Red Line, el héroe da su vida por salvar a dos amigos y en este acto heroico retorna a la naturaleza que siempre veneró y que siempre vio como buena en contraste con la maldad de los hombres. Nunca pretende darle lección a nadie ni ser especial, ni mucho menos dominar a la naturaleza o influenciar a Dios.
El mensaje de Avatar es sencillo; la salvación también viene de tu enemigo, al cual debes imitar y superar en su propio juego. La lección de The Thin Red Line es que el hombre se volvió malo y abandonó a la naturaleza buena, intoxicado por su vanidad y su codicia sin límites.
Para que el desarrollo de nuestras sociedades sea sostenible en el tiempo, la responsabilidad es nuestra, la naturaleza no se va a rebelar ni va a adoptar nuestra violencia para combatirnos. Siempre pondrá la otra mejilla, como una santa.

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