domingo, 8 de agosto de 2010

Más allá de la experiencia

Immanuel Kant (1724 – 1804)http://es.wikipedia.org/wiki/Immanuel_Kant , en su obra “Crítica a la Razón Pura” escribió:

“La ligera paloma cortando en vuelo libre el fino aire, cuya resistencia siente, podría imaginarse que sus movimientos serían mucho más libres y rápidos en el espacio sin aire”

La paloma por supuesto caería sin la resistencia del aire en el cual puede volar. Así también es necesario tener cuidado cuando volamos con nuestro pensamiento y razonamos sin tener en cuenta la experiencia y la realidad empírica. Podemos estar construyendo fantasías irrealizables, utopías que seducen nuestras mentes y les impiden ver la realidad y su resistencia, tan necesaria al desarrollo de las sociedades.
Kant nos explica que cuando algunas de nuestras ideas se elevan completamente por encima de la esfera de toda posible experiencia, allí donde la experiencia no puede ofrecer ni guía ni instrucción, estamos en el mundo de la “razón”, que por esa cualidad más pura o menos “contaminada” por la experiencia, nos parece preferible y más perfecta que la comprensión que podemos alcanzar dentro del mundo de los sentidos y de lo concreto. Esta razón sin ataduras puede ser válida para la consideración de ciertas cuestiones importantes como la inmortalidad o la existencia de Dios, pero no nos ayuda mucho ante la necesidad de decidir sobre el futuro de nuestra sociedad en el sentido político, económico o ambiental.
Platón describió la situación normal de los hombres como estando dentro de una caverna donde sólo podían ver las sombras que se proyectaban en las paredes por la luz del sol que venía de la entrada de la caverna a sus espaldas. Para conocer la verdad, los hombres debían salir de la caverna y contemplar la luz del sol. Esta metáfora puede ser interpretada como una invitación a contemplar ideales inalcanzables, como sería el sol en la imaginación de aquella época, pero se podría argumentar también que salir de la caverna es una forma de conocer más la realidad y que esa salida de la caverna es una experiencia concreta que ilumina al hombre, lo hace ver lo que no había visto por estar muy encerrado en su propia experiencia. En otras palabras, la tentación contraria a la libre imaginación también existe; a veces queremos quedarnos en nuestra cueva de experiencia sin atrevernos a salir y ver donde brilla el sol.
Siempre debemos hacer esfuerzos por alcanzar a conocer lo mejor de nuestra realidad ya que de esa manera podremos encontrar las soluciones a nuestros problemas, pero no debemos deslumbrarnos con “ideas” irrealizables e inalcanzables, ni debemos huir de la experiencia y encerrarnos nuevamente en la caverna de nuestra limitada existencia. Si nuestros planes de desarrollo se asemejan más a la hoja-de-ruta de la búsqueda de la tierra prometida o a la descripción de nuestro “tekoha” o “tierra sin mal”, entonces no son planes sino simples sueños que pueden servir de guía a los brujos, pero no a una sociedad organizada. Si nuestros planes de desarrollo consisten en repetir lo que siempre hemos hecho, en el mismo lugar, sin atrevernos a mirar la realidad desde otro ángulo y bajo otra luz, entonces nuestros planes estarán basados en las sobras reflejadas en el fondo de nuestro sub-desarrollo actual. No podemos ser una paloma que pretende volar en el vacío ni una avestruz que nunca saca la cabeza del suelo.