jueves, 12 de mayo de 2011

Libertad, independencia y desarrollo

“El desarrollo puede ser visto… como el proceso de expansión de la verdadera libertad de las personas……El desarrollo requiere la remoción de las causas principales de la falta de libertades”
“… algunos argumentan que el desarrollo económico, tal cual nosotros lo conocemos, en realidad puede ser dañino para una nación porque puede llevar a la eliminación de sus tradiciones y herencia cultural….Si una forma de vida tradicional debe o no ser sacrificada para poder escapar de la extrema pobreza o alcanzar una longevidad significativa….. son las personas directamente involucradas quienes deben tener la oportunidad de participar en la decisión”

Amartya Sen en “Development as Freedom”

Estas dos ideas de Sen pueden iluminar nuestra reflexión sobre los doscientos años de desarrollo, o falta de desarrollo, en el Paraguay, porque si la falta de libertades es un obstáculo al desarrollo y si el miedo al cambio cultural es un obstáculo al progreso, pues entonces, no debe extrañarnos que nosotros no hayamos progresado mucho. Nuestros antecedentes como promotores y defensores de las libertades de las personas no son de los mejores y nuestra resistencia a cambiar es tan fuerte que se constituye en una amenaza a la credibilidad de la teoría de la evolución de Darwin.
Durante gran parte de estos doscientos años, las autoridades políticas y las “élites” del Paraguay han sustentado su prolongado e ineficiente dominio en la limitación de las libertades de los habitantes del país, ya sea directamente mediante la violencia, ya sea mediante prebendas y el manejo de esquemas clientelistas que convierten a potenciales ciudadanos en simples sujetos de la voluntad del mbarete o del caudillo. Todo esto, por supuesto, con la excusa de que así es mejor para “nuestra gente”, porque la libertad pronto se convierte en “libertinaje” inmoral y destructivo. La libertad individual, según esta teoría predominante, nos haría caer en manos de los comunistas, de los chavistas, de los ateos y de los abortistas, y por lo tanto es “mejor nomás” mantenerse en manos de los contrabadistas, los narcotraficantes, los falsificadores, los coimeros y l@s prostitut@s de siempre. Los “libres” son unos pocos privilegiados. Tan libres son, que ni siquiera respetan la ley, ni las buenas costumbres, ni tan siquiera los buenos modales.
También nuestros queridos líderes se han dedicado, en nombre de la paz y el progreso, a destruir sistemáticamente la cultura del Paraguay, remplazando la verdadera historia con cuentos inventados sobre las virtudes de los dictadores y de sus subyugados y corruptos seguidores, desterrando el idioma guaraní (lengua materna de la mayoría de nuestras autoridades) del ámbito de gobierno, de la universidad nacional y de todo ámbito de poder, promoviendo la figura del campesino flaco y hambriento como la del paraguayo “ideal”, mostrando siempre un mapa con agujeros y parches como la representación tipo del país, remplazando la bandera nacional por la de los partidos políticos, y aceptando la peor corrupción como algo propio de personas pobres e indefensas, aunque los delincuentes ya no sean ni pobres ni indefensos al haber sido transformados en ricos y poderosos al acceder a puestos públicos.
Estamos muy felices festejando doscientos años de independencia, y yo festejo tanto como cualquiera!. Es más, me caen mal los aburridos que dicen que no hay nada que festejar o que festejar cuesta mucha plata, o cosas por el estilo, pero no me quedaba hasta hoy muy claro qué tipo o cuál independencia o concretamente qué estamos festejando con tanta alegría. Creo que ahora puedo explicar mí alegría.
Este año festejamos, en primer lugar, el hecho de llegar a nuestro bicentenario con la satisfacción de haber logrado un nivel de libertades individuales nunca antes alcanzado. Este es un logro mayor, de gran importancia, no sólo porque es en sí un progreso significativo para el país, sino también porque es la base del desarrollo futuro. Y en segundo lugar, pero no menos importante, festejamos hoy poder, después de muchos años, sentirnos orgullosos de nuestra cultura, de nuestra identidad y de nuestra historia, porque las hemos redescubierto en sus verdaderas características positivas y valiosas. Nuestra cultura contiene todos los elementos como para constituirse en el soporte de una identidad positiva de gran autoestima que nos motive a encarar el desarrollo sin complejos y con personalidad propia. Hoy sabemos que valemos mucho.
Ser paraguayo hoy, en el bicentenario, es ser libre y tener identidad. Viva el Paraguay!!

1 comentario:

  1. me parece muy acertada su reflexion, estoy totalmente de acuerdo de que tenemos mucho que festejar, si bien todavia hay mucho por hacer.... Viva el Paraguay!!!!

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