viernes, 23 de noviembre de 2012

Qué pasó en Curuguaty?

Qué pasó en Curuguaty?
No me imagino ser Pedro y dejar a mis hijos y mi mujer solos en el rancho, en una madrugada fría, sabiendo que tienen hambre y que los dejo desamparados
No me imagino siguiendo a un hombre casi desconocido, que me promete un pedazo de tierra propia que le van a sacar a alguien que, según él, se las apropió ilegítimamente

No me imagino tomando mi “tigrera” y un par de cartuchos pensando que quizá la voy a necesitar. Para quién sabe qué; por si acaso.

No me imagino ser Pablo y dejar a mi esposa e hijos, en nuestra casa de alquiler, sin saber cuándo voy a volver; o si voy a volver

No me imagino obedeciendo órdenes sin cuestionarlas, sin sentirme comprometido, sin sentirme parte, sin entusiasmo, sólo para cumplir

No me imagino colocándome el uniforme y el revolver en el cinto. Revisándolo si está cargado, para quién sabe qué; por si acaso

No me imagino ser Pedro en el campo, mirándolo de frente a Pablo, ni a la inversa, Pablo mirándolo a Pedro. Dos iguales, desconfiando el uno del otro; nerviosos e inquietos

No me imagino apretar el gatillo y sentir el estruendo de un disparo y ver al otro muerto. Muerto por la bala que yo disparé sin pensar, como instintivamente, como en un momento de inconciencia, miedo y debilidad. O quizá, peor aún, con intención

No me imagino ser Juan, padre de Pedro, tomando prestado dinero para poder ir a recoger el cadáver de mi hijo, tirado en el sucio suelo de una comisaría de Curuguaty

No me imagino ser Mateo, padre de Pablo, viajando con mi nuera viuda, en su auto traído de Iquique, para recoger el cadáver de mi hijo, tirado en el piso sucio de una comisaría de Curuguaty

No me imagino ser Juan y mirarle a los ojos a Mateo, los dos parados frente a los cadáveres de nuestros hijos, sintiendo odio hacia él, sin conocerlo, sin pensar en su propio dolor

Nada de todo esto me puedo imaginar, porque entre esa realidad y la mía corre un ancho río, caudaloso e indiferente.

Sólo si me atrevo a cruzar el río, arriesgando mi vida, nadando con todas mis fuerzas. Quizás al alcanzar el otro lado, allí, agotado, con frío, casi sin poder respirar, con las rodillas hundidas en el barro rojo, quizá, allí, pueda imaginarme lo que ocurrió en Campos Morombi.



2 comentarios:

  1. Álvaro, excelente descripción de la exagerada irracionalidad que vivimos en San Isidro Labrador de Curuguaty... Un abrazo...

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  2. Los que vieron "Diario de Motocicleta", se habrán dado cuenta que la metáfora del río no es original mía sino de dicha película

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